El Challenger, Richard Feynman y la verdad tras el desastre

A veces la verdad puede ser “difícil de tragar”, pero tras el desastre del Space Shuttle Challenger en 1986, era necesario dar una respuesta, que la administración de la NASA posiblemente no quería oír, a una sencilla pregunta: ¿por qué? El gran físico Richard Feynman, fue quien lo hizo.

Corría el año 86, eran los años de la administración Reagan en Estados Unidos, y, como buen gobierno del Partido Republicano, ésta imprimía en el país ese sentimiento patriota, mas fuerte aún, que al que nos tienen ya de por sí acostumbrados los yanquis. Por ello, no se podían dejar atrás los avances ya logrados durante la carrera espacial, y el país andaba embarcado en el programa Space Shuttle. Pero el 25º lanzamiento de este programa, la misión STS-51-L que iba a realizar el transbordador Challenger, se truncó pasado poco más de 1 minuto del despegue. El vehículo en el que iban los 7 elegidos para la misión se vio envuelto en una bola de fuego mientras los cohetes de propulsante sólido adosados al mismo (boosters) se despegaban del transbordador y seguían trayectorias descontroladas.

Challenger explotando
Foto de la explosión del Space Shuttle Challenger. Fuente: CNN

El panorama en el país cambió durante varios días. Aquella tragedia se había cobrado 7 vidas y no se sabía que había salido mal, pues los datos que manejaba la NASA parecían correctos. Por ello, el gobierno designó una comisión para investigar el accidente compuesta por 12 personas, entre las que destacan nombres como Neil Armstrong (el primer hombre en la Luna) o Joe Sutter (el “padre” del Boeing 747). Otro de ellos era Richard Feynman, aunque éste en primera instancia rechazó participar.

“Si no lo haces tú, habrá doce personas, en grupo, yendo todas juntitas de un sitio a otro. Pero si entras en la comisión, habrá once personas, todas en grupo, dando vueltas de un sitio a otro; mientras el duodécimo mete las narices por todas partes, inspeccionando toda clase de cosas raras. Probablemente no habrá nada, pero si hay algo que encontrar, tú lo harás. No hay nadie que haga eso como tú.”

—Gweneth Howarth, esposa de Feynman

Miembros de la comisión
La comision llegando al Centro Espacial Kennedy. Fuente: NASA

Tras ser convencido por su mujer, Richard se puso manos a la obra, investigando las posibles causas del accidente, a menudo trabajando separado del resto de la comisión, cosa que no sentaba muy bien a sus compañeros, como confirmó el presidente de la comisión: William P. Rogers, que llegó a afirmar en televisión: “Feynman se está convirtiendo en una auténtica molestia”. A pesar de ello, Richard siguió con su “modus operandi”, y como afirmó tiempo después, aunque el pensaba que estaba realizando avances por si mismo, se dio cuenta, que parte del personal de la NASA empezó a dejarle pruebas para que centrara su atención en determinadas áreas, y así orientarle.

“Estaba trabajando esta mañana en el carburador de mi coche y estaba pensando: el transbordador despegó cuando la temperatura era de 2 o 3 grados bajo cero. Antes de eso, la temperatura más baja había sido de unos doce bajo cero. Usted es profesor de física. ¿Cuál es, señor, el efecto del frío sobre las juntas tóricas?”

—General Donald J. Kutyna, ingeniero aeronáutico de la United States Air Force

El Dr. Feynman pronto cayó en la cuenta que las juntas que sellaban las partes del motor cohete, al ser de goma, cuando se vieron expuestas a tan bajas temperaturas como las que se dieron momentos antes del lanzamiento, se hicieron más rígidas y con las fuertes vibraciones producidas durante el lanzamiento no pudieron cumplir su función y se empezaron a producir fugas que desencadenaron el incidente fatal.

Para demostrar esto ante la comisión y el mundo, hizo lo siguiente en televisión: aplicó una presión con un útil a una junta, lo introdujo en un vaso de agua helada y, seguidamente, retirando esa presión, enseñó que la junta no recuperaba su forma hasta pasado un tiempo, es decir, demostró que perdía propiedades elásticas.

Feynman realizando un experimento
Richard Feynman realizando el experimento de la junta y el vaso de agua helada durante una comparecencia de la comsión. Fuente: CNN

Aparte de esto, Feynman también investigó la falta de comunicación entre la administración de la NASA y sus ingenieros, pues le sorprendió que las estimaciones de la probabilidad de fallo del Challenger de la administración se situaban en 1 contra 100.000, algo demasiado optimista, desde el punto de vista de Richard.

“Teniendo en cuenta que una probabilidad de 1 a 100.000 implica que uno podría lanzar un transbordador cada día, durante casi 300 años, esperando perder únicamente uno, cabe preguntarse: “¿Cuál es la razón de esta descomunal fe de la administración en el sistema?… Parece ser, que, por cualquier motivo, la administración de la NASA exagera la fiabilidad de su producto, hasta el punto de la fantasía.”

—Richard Feynman, en el apéndice F del informe de la Comisión Rogers

Lo que más sorprendió a Feynman fue que tras realizar una encuesta anónima entre todos los ingenieros de la NASA sobre la tasa de fallo del Challenger que ellos predecían, éstos entregaban valores entre 1/50 y 1/200, además de que encontró informes del subcontratista encargado de la fabricación de los boosters, Morton Thiokol, que mostraban la preocupación de los ingenieros de esta empresa por las juntas tóricas que implementaba el diseño del Challenger.

Foto oficial de la tripulación
Los 7 tripulantes de la misión STS-51-L. Fuente NASA

Pero el Dr. Feynman se sintió especialmente molesto con el hecho de que a una de las tripulantes, la profesora de escuela Christa McAuliffe, que iba a ser la primera civil en el espacio, se le proporcionó la cifra estimada por la administración y no la de los ingenieros, para convencerla de embarcarse en el proyecto, y cuando la comisión le presionó para que eliminara esos detalles del informe para no manchar más la reputación de la NASA, él amenazó con no firmar el informe, pues pensaba que la gente merecía la verdad, aunque fuese “difícil de tragar”.

Fuentes: NASA, ¿Qué te importa lo que piensen los demás? (libro de R. Feynman)

Israel Morillas
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Israel Morillas

Dirección y administración web en Empíricamente Cierto
Estudiante de Ingeniería Aeroespacial. Esclavo de la curiosidad desde enano, las mejores amigas que encontré para ella: la ciencia y la tecnología. La Aerodinámica, mi vocación, el Rock, mi pasión. "Dame una cerveza, y yo te explicaré la Mecánica de Fluidos".
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