Las garras del león inglés

Isaac Newton es un nombre que todos hemos oído al hablar de ciencia. Una de las mentes más brillantes de la Humanidad, el científico inglés es recordado por sus inestimables contribuciones a la física moderna. A lo largo de su vida Newton demostró en varias ocasiones su excepcional talento, sobresaliendo por encima de las eminencias científicas de su época. Este artículo recuerda un célebre episodio de su vida en el que sorprendió a las mentes brillantes de toda Europa, y que demuestra la honda impresión que ya causaba en su propio tiempo.

Retrato de Johann Bernouilli, por Johann Rudolf Huber
Retrato de Johann Bernouilli, por Johann Rudolf Huber

La historia comienza con un desafío. Corría el año 1696, situado en una época dorada para la ciencia moderna. En junio, el matemático suizo Johann Bernoulli presentó dos problemas retando a la comunidad científica europea. El primero de ellos pedía calcular la curva por la que debía pasar un cuerpo para que, bajo la acción de la gravedad, tardase el menor tiempo posible en llegar de un punto inicial a otro situado a menor altura. Dicha curva se conoce como braquistócrona. El otro problema, de enfoque más teórico, pedía hallar una curva con cierta propiedad geométrica. El matemático dio 6 meses para resolver ambos problemas.

Bernoulli conocía la solución del problema de la braquistócrona, pero decidió publicar el problema a modo de desafío a los matemáticos de la época. Sin embargo, al cabo de los 6 meses del desafío, Bernoulli sólo había recibido la respuesta de Gottfried Wilhelm Leibniz (el creador del cálculo infinitesimal y un gran fislósofo racionalista), que había resuelto el primer problema. Leibniz se había basado en sus métodos de cálculo para resolverlo, y se comparaba con Galileo, que había intentado abordar el problema hacía tiempo sin mucho éxito, para demostrar la superioridad de sus procedimientos. Sin embargo, la solución de Leibniz era muy laboriosa y complicada, mientras Bernouilli buscaba una más simple.

Retrato de Gottfried Wilhelm Leibniz, copia de un original por Andreas Scheits
Retrato de Gottfried Wilhelm Leibniz, copia de un original por Andreas Scheits

Leibniz propuso aplazar la fecha límite otros seis meses, para animar a los matemáticos a resolver el problema. En concreto, Leibniz y Bernoulli habían pensado en Newton, creyendo que no había sido capaz de resolver la cuestión por sus métodos, demostrando así la superioridad de Leibniz en el cálculo (además, debido a una crisis mental que tuvo Newton en 1693 se pensaba que el brillante científico había perdido parte de su genio desde entonces). Por si alguien no se hubiese enterado del reto, Bernoulli volvió a enviar el desafío a los científicos de Europa. Y es en este momento cuando Newton entró en acción.

En abril de 1696, Newton había dejado su puesto de profesor en Cambridge y se había mudado a Londres para ejercer el cargo de Interventor de la Casa de la Moneda. Se dedicaba a su nueva ocupación con gran eficacia en una época en la que Inglaterra tenía problemas en este ámbito. Sin embargo, aunque no había dejado del todo sus estudios, no había recibido el primer aviso de Bernouilli sobre el problema, y hasta enero de 1697, siete meses después, no le llegó la segunda notificación. Según cuenta su sobrina Catherine, que por entonces vivía con él, el 29 de enero su tío encontró el desafío en su correspondencia al volver del trabajo, y comenzó a analizar los problemas. A las 4 de la mañana, 10 horas después, ya había resuelto ambos. A las 8 de la mañana Newton envió las soluciones al presidente de la Royal Society, aunque de forma anónima, y éste las publicó en el número de enero de la publicación Philosophical Transactions.

Ejemplar de Acta Eruditorum de 1697
Ejemplar de Acta Eruditorum de 1697

Cuatro meses después, en mayo, Bernoulli publicó las soluciones que le habían llegado en la publicación Acta Eruditorum. Cinco soluciones fueron mostradas: la suya propia y las de Jakob Bernoulli (su hermano mayor), Leibniz, el marqués de L’Hopital y un anónimo inglés. De todas las soluciones, la del inglés era la más sencilla y elegante, e incluso había una resolución para un caso general del segundo problema. Sin embargo, a pesar del anonimato, Bernoulli reconoció al autor por la sencillez y claridad de la solución: se trataba de Isaac Newton. Se dice que en ese momento pronunció una frase en latín para afirmar la autoría de Newton: Tanquam ex ungue leonem. “Por sus garras reconozco al león”.

No está claro por qué Newton ocultó su identidad. Se piensa que podría estar relacionado con las fricciones que había entre él y los matemáticos del continente, partidarios de Leibniz en el tema del cálculo, aunque también es cierto que Newton solía ser reacio a publicar sus trabajos y varias veces lo hizo de forma anónima. Sea cual fuera la razón, el inglés demostró una vez más su prodigioso genio al resolver en horas lo que a muchos les costó meses, dejando claro que, lejos de haberse apagado, el rugido de este león seguía siendo el más potente de su época.

Fuentes: Galileo, Bernoulli, Leibniz and Newton around the Brachistochrone problem de Miguel de Icaza en Revista Mexicana de Física y Newton: El umbral de la ciencia moderna de José Muñoz.

Diego Ortega

Diego Ortega

Dirección en Empíricamente Cierto
Estudiante de Ingeniería Aeroespacial. Aficionado desde que tengo uso de razón al Mundo Natural y a las Ciencias que lo estudian, así como a la Historia y la Fotografía. "Las mejores soluciones se encuentran en la Naturaleza. Sólo tenemos que aprender de ella".
Diego Ortega

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